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Civilización Ecointeligente de Desarrollo Sustentable y Trascendente por vía de la Didáctica de la Economía del Conocimiento, otrora Metodología de la Investigación. Enfoque desde la Vanguardia


Asumir el término metodología, etimológicamente, determina el estudio de los métodos existentes para la producción y gestión del conocimiento a beneficio inmediato de la comunidad, entendiendo así mismo por comunidad a las organizaciones, las poblaciones, las corporaciones, las instituciones y las academias, cada una de ellas comprometidas esencialmente a su razón de Ser (¿de qué se encargan?) y razón social (beneficios sustantivos al colectivo)

El estilo “Didáctica de la Economía del Conocimiento” requiere de un pensamiento dialógico, en primera, para asumir que la complejidad dista de ser una aproximación obsesiva a la verdad, pues la determinación científica o laica de la verdad, imbuye inevitablemente a la técnica y a la estrategia por derroteros existencialistas o ideológicos (entre más) que reduce lo complejo a un perspectivismo la más de las veces bien intencionado, pero al garete, donde cualquier resultado es celebrado inconsciente, irresponsablemente o ambos como el adecuado.
En segunda, porque el proceso de generación de conocimientos es un continuum, sistematizado en un compendio denominado Informe Final de Investigación, que se yergue como punto de partida en un proceso de profundización o prosecución del conocer, denominado anacrónico y absurdamente por el reduccionismo como “línea de investigación”, siendo en la práctica, dicha “línea…” un entramado multiperpectiva y multidimensional de nodos sintagmáticos que se escapa a la vista de los investigadores de pensamiento unilateral propio de la modernidad, habituados académicamente a tipificar las investigaciones como cualitativas o cuantitativas, en tiempos ultramodernos donde la Economía del Conocimiento adquiere genuina identidad por el objetivo que pretende, se justifica a través de los propósitos personales, profesionales y comunitarios y adquiere sentido mediante una disposición epistémica procedimental, que supera y se distancia a pasos agigantados de la ecocida dialéctica filosófica, amparada en un inquebrantable costumbrismo académico de papel impreso, huérfano de utilidad social y científico.
Ante tales ideas, la Metodología de la Investigación es un término editorial que oferta su producción intelectual para dar a conocer los métodos existentes en la generación de conocimientos. La más de las veces distanciado y obviando las técnicas y estrategias inherentes a dichos métodos. Utilizando el imaginarium, podríamos visualizarlo como un vehículo automotor de carrocería impecable y atractiva. Con una ingeniería automotriz conservadora, pero sin volante.
En el mundo científico de vanguardia, hablar de un contenido programático como Metodología de la Investigación rememora una pensa y currícula vetusta, desprovista de fundamentos intelectivos en la cual se pueda sostener una Civilización Ecointeligente de Desarrollo Sustentable y Trascendente.
Impartir cátedras académicas intentando lucir elocuente en el estilo y las formas, aparentar inteligencia por el aparente acumulo de información teórica, habilidad y destreza al sugerir la inobservancia de normas consensuadas internacionalemente y promover la heurística en un terreno donde lo aparentemente ingenuo, es un microsistema susceptible de alienación, es propio ciertamente de una aproximación educativa dispar a la Didáctica de la Economía del Conocimiento. Los resultados: (1) Un purgatorio de informes finales de investigación, en anaqueles y suelos, esperando la incineración (2) estudiantes de educación superior sin habilidades técnicas asertivas en la producción del conocimiento, (3) docentes que en educación superior solicitan definiciones propias de básica, diversificado, pregrado, convencidos de que repetir lo mismo, en algún momento dará resultados diferentes (la definición de locura de Einsten) (4) empresas humeantes que confeccionan “tesis a la medida”, gracias a la inoperancia de los procesos formales de enseñanza, y (5) Una producción científica social, obligada clientelarmente a reverenciar la improvisación como utópica y plural garantía de desarrollo.

La ultramodernidad (espacio-tiempo que nos ocupa) retoma la noción de Economía del Conocimiento, un dinámico proceso de sistematización de información, compatible con la posibilidad de las ciencias sociales y versátil en la probabilidad que requieren las ciencias fácticas, asumiendo la epistemología como un corpus teorético sobre cuyos rieles transitan las técnicas (formulas y matrices de análisis) y las estrategias (estructura redaccional del Informe Final de Investigación) en respetuosa comunión con el método, el cual determina los tipos de investigación, mismos que se definen por los objetivos que pretenden.
El pensamiento complejo, es una ventana intelectiva que garantiza grados de libertad al investigador en su proceso indagatorio, indistintamente de la metódica de su preferencia, pero su aprehendizaje se ve limitado por al asfixiante modelo pedagógico convencional que busca a través de oceánicas disertaciones filosóficas desvinculadas entre sí, una amplitud de foco en materia de generación de conocimientos aplicables, logrando ciertamente un lenguaje propio de la complejidad, pero inútil en el quehacer práctico.
La Didáctica de la Economía del Conocimiento, como estrategia de enseñanza, muestra supina responsabilidad social y atinente consideración humana en la procura de una Civilización Ecointeligente de Desarrollo Sustentable y Trascendente por vía de la Economía del Conocimiento, al reconocer y asumir que la epistemología fundamenta al método, mismo que deviene en el objetivo, el cual,  entraña criterios para su formulación, dependiendo de lo que pretende y emerge como el sintagma de donde se precisa las unidades de estudio, los tipos de datos y los análisis pertinentes, el diseño, el tiempo y los fenómenos, factores y variables de interés para el estudio.
Se asoma necesariamente oportuno destacar que las variables, los fenómenos y los factores de estudio, no son de libre denominación. Cada uno de ellos posee autonomía e identidad y dependen del epísteme determinante del conocimiento que se procura.
Hablar pues de Metodología de la Investigación en la actualidad es antaño. Tiene sentido si el objetivo es documental u obedece algún interés histórico.
El tiempo que nos ocupa, que es pretérito al momento de leer este organismo literario tipo ensayo, ya Alvín Toffer en su obra El Shock del futuro lo avizora y advierte en el tema de la necesaria transición de sociedades industriales y posindustriales a sociedades basadas en la Economía del Conocimiento.
En lo tocante a la producción del conocimiento, es fundamental en grado superlativo trascender las desgastadas coordenadas de enseñanza y aprendizaje a un orden que responsa inmediata y adecuadamente a las necesidades y exigencias de vanguardia.

La Didáctica de la Economía del Conocimiento, entraña un modelo maleable, pero no quebrantable, donde la orientación de la enseñanza se interesa sensiblemente por los tipos, ritmos y habilidades de aprehendizaje del estudiante, quien bajo estimulo neurodidáctico, genera voluntaria y conscientemente conocimientos de aplicabilidad sustantiva, enriquecida por valores agregados como la disposición a la transformación y al mantenimiento de un cambio autosostenido, de cara a la construcción mancomunada de una Civilización Ecointeligente de Desarrollo Sustentable y Trascendente, todo esto, gracias a la transformación de la Metodología de la Investigación, por una Didáctica de la Economía del Conocimiento.










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